martes, 27 de abril de 2021

SÉ TÚ MISM@ Y BRILLA (27ABRIL2021) PASCUA

 LA PALABRA:

Lectura del evangelio según san Juan (10,22-30):

SE celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor

Estoy delante de la Puerta Santa y pido: «Señor, ¡ayúdame a abrir la puerta de mi corazón!». No tendría mucha eficacia el Año Santo si la puerta de nuestro corazón no dejara pasar a Cristo que nos empuja a ir hacia los demás, para llevarlo a Él y su amor. Por lo tanto, igual que la Puerta santa permanece abierta, porque es el signo de la acogida que Dios mismo nos reserva, así también nuestra puerta, la del corazón, ha de estar siempre abierta para no excluir a ninguno. Ni siquiera al que o a la que me molesta: a ninguno. (Homilía de S.S. Francisco, 16 de diciembre de 2015).

PAPA FRANCISCO

https://es.catholic.net/op/articulos/15703/cat/566/yo-conozco-a-mis-ovejas-y-ellas-me-siguen.html#modal

"Actitudes que impiden conocer a Cristo"

Jesús estaba en el templo, era la fiesta de la Dedicación (cf. Jn 10,22-30). Entonces «los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente”» (v. 24). Estos hacían perder la paciencia; y con cuánta docilidad «Jesús les respondió: “Ya os lo he dicho, pero no me creéis”» (v. 25). E insistían:  “Pero ¿eres tú? ¿Eres tú?” — “Sí, os lo he dicho, pero no me creéis”. «Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas» (v. 26). Y esto, quizás, nos suscita una duda: yo creo y formo parte de las ovejas de Jesús. Pero si Jesús nos dijera: “Vosotros no podéis creer porque no formáis parte”: ¿hay una fe previa al encuentro con Jesús? ¿Cuál es este formar parte de la fe de Jesús? ¿Qué es lo que me detiene ante la puerta que es Jesús?

Hay actitudes previas a la confesión de Jesús. También para nosotros, que estamos en la grey de Jesús. Hay como “antipatías previas” que no nos dejan progresar en el conocimiento del Señor. La primera de todas son las riquezas. También muchos de nosotros, que hemos entrado por la puerta del Señor, luego nos paramos y no seguimos adelante porque somos prisioneros de las riquezas. El Señor fue muy duro con las riquezas, muy duro, muy duro. A tal punto que dijo que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja que un rico entrase en el reino de los cielos (cf. Mt 19,24). Es duro, esto. Las riquezas son un impedimento para seguir adelante. ¿Debemos acaso caer en el pauperismo? No. Pero no hay que ser esclavos de las riquezas, no hay que vivir para las riquezas, porque las riquezas son un señor, son el señor de este mundo y no podemos servir a dos señores (cf. Lc 16,13). Y las riquezas nos paran.

Otra cosa que impide avanzar en el conocimiento de Jesús, en la pertenencia a Jesús, es la rigidez: la rigidez de corazón. También la rigidez en la interpretación de la Ley. Jesús les reprocha a los fariseos, a los doctores de la Ley esta rigidez (cf. Mt 23,1-36). Que no es fidelidad: la fidelidad es siempre un don a Dios; la rigidez es una seguridad para mí mismo. Me acuerdo de una vez que entraba en la parroquia y una señora —una señora buena— se acerca y me dice: “Padre, un consejo... — “Dígame” —“La semana pasada, sábado, no ayer, el otro sábado, fuimos con la familia a una boda con Misa. Era sábado por la tarde, y hemos pensado que con esta Misa cumplíamos el precepto dominical. Pero luego, al volver a casa, he pensado que las Lecturas de esa Misa no eran las del domingo. Y así me he dado cuenta de que estoy en pecado mortal porque el domingo no fui a Misa, fui el sábado pero a una Misa que no era verdadera, porque las Lecturas no eran verdaderas”. La rigidez... Y la señora pertenecía a un movimiento eclesial. Rigidez. Esto nos aleja de la sabiduría de Jesús, de la sabiduría de Jesús; te quita la libertad. Y muchos pastores hacen crecer esta rigidez en los corazones de los fieles; y esta rigidez no nos hace entrar por la puerta de Jesús (cf. Jn 10,7): es más importante observar la ley como está escrita, o como yo la interpreto, que la libertad de ir adelante siguiendo a Jesús.

Otra cosa que no nos deja progresar en el conocimiento de Jesús es la acedia. Esa pereza... Pensemos en aquel hombre de la piscina. Treinta y ocho años allí (cf. Jn 5, 1-9). La acedia. Nos quita la voluntad de seguir adelante y todo es un “sí, pero... no, ahora no, mejor que no...”, que te conduce a la tibieza y te vuelve tibio. La acedia es otra cosa que nos impide seguir adelante.

Y otra que es bastante fea es la actitud clericalista. El clericalismo suplanta a Jesús. Dice: “No, esto debe ser así, así y así...”  — “Pero, el Maestro…” — “Deja en paz al Maestro: esto es así, así y así, y si no haces así y así, tú no puedes entrar”. Un clericalismo que quita la libertad de la fe de los creyentes. Esta es una enfermedad fea en la Iglesia: la actitud clericalista.

Luego, otra cosa que nos impide seguir adelante, entrar para conocer a Jesús y confesar a Jesús, es el espíritu mundano. Cuando la observancia de la fe, la práctica de la fe termina en mundanidad. Y todo es mundano. Pensemos en la celebración de algunos sacramentos en algunas parroquias: ¡cuánta mundanidad hay! Y la gracia de la presencia de Jesús no es bien entendida.

Estas son las actitudes que nos impiden formar parte de las ovejas de Jesús. Somos “ovejas” tras todas estas cosas: riquezas, acedia, rigidez, mundanidad, clericalismo, modos, ideologías, formas de vida. Falta la libertad. Y no se puede seguir a Jesús sin la libertad. “Pero a veces la libertad va más allá y uno resbala”. Sí, es verdad. Es verdad. Podemos resbalar caminando en libertad. Pero es peor resbalar antes de empezar a caminar, con estas cosas que nos impiden empezar a caminar.

Que el Señor nos ilumine para ver si dentro de nosotros hay libertad para pasar por la puerta que es Jesús e ir más allá para convertirnos en grey, para convertirnos en ovejas de su grey.

PAPA FRANCISCO

http://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2020/documents/papa-francesco-cotidie_20200505_perentrare-nelgregge-dicristo.html

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (11,19-26):

EN aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.
Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

Palabra de Dios

Sal 86,1-3.4-5.6-7

R/.
 Alabad al Señor, todas las naciones

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno
odos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti»
R/.

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