lunes, 12 de abril de 2021

SÉ TÚ MISM@ Y BRILLA (12ABRIL2021) PASCUA.

LA PALABRA:

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,1-8):

HABÍA un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Palabra del Señor

La fe es concreta

¿Qué significa vivir verdaderamente la Pascua, el «espíritu pascual»? pregunta necesaria, porque para el cristiano existe el riesgo de la «idealización» y de olvidar que «nuestra fe es concreta». En la primera misa celebrada en Santa Marta después de las festividades pascuales, durante la mañana del lunes 24 de abril, el Papa Francisco marcó el recorrido a seguir: «ir por los caminos del Espíritu, sin compromisos», testimoniando con valor y franqueza la verdad.

Para comprender este programa de vida es necesario «un cambio de mentalidad», liberarse de los lazos del «racionalismo» y adherir a la «libertad» del Espíritu. Y es lo que Jesús explicaba a Nicodemo en el célebre episodio evangélico de la visita nocturna (Juan 3, 1-8) analizado por el Pontífice para comentar la liturgia del día.

«Este fariseo —dijo el Papa— era un hombre bueno. Era inquieto, no entendía. Su corazón estaba en la noche». Sin embargo se trataba de «una noche diversa de la de Judas, porque esta es una noche que le llevaba a acercarse a Jesús, al otro, a alejarse». Yendo a ver a Jesús para «pedir explicaciones», recibe una respuesta que «no entiende». Parece casi que «Jesús quisiera complicar las cosas o ponerlo en compromiso». Responde efectivamente: «en verdad yo te digo: el que no nazca de lo alto, no puede ver el Reino de Dios». Nicodemo pregunta: «¿pero cómo se puede nacer otra vez?». Parece, hizo notar Francisco, «un poco irónico, pero no es así». Si embargo es la expresión de un gran tormento interior. Jesús entonces explica que se trata de «un cambio de una mentalidad a otra» y «con mucha paciencia, con mucho amor, a este hombre de buena voluntad, le ayuda en este pasaje».

El Pontífice se detuvo también en la respuesta de Jesús: «pero qué significa “nacer del Espíritu”? ¿Qué significa “debéis nacer de lo alto?: el viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es cualquiera nacido del Espíritu”». Y subrayó cómo en este mensaje se percibe «un aire de libertad».

Permanece, de todos modos, un discurso, no fácil y, «para entenderlo mejor —sugirió el Papa— nos ilumina la primera lectura». En el pasaje propuesto por la liturgia (Hechos de los Apóstoles 4, 23-31) se encuentra «el final de una historia que la liturgia ha propuesto durante toda la semana de Pascua. La historia de la sanación, por parte de Pedro y Juan, del paralítico que era llevado todos los días hasta la puerta del Templo, llamada “la Hermosa”, para pedir limosna». La lectura de este episodio arroja luz sobre el discurso a Nicodemo. Lo explicó el Papa haciendo notar que «toda la gente que estaba allí en el pórtico de Salomón», había «visto» y se había asombrado. Se trata precisamente de «ese sentimiento —más que un sentimiento: ese estado de ánimo— que obra en nosotros la presencia del Señor. El estupor. El encuentro con el Señor lleva al estupor».

Ante esto los jefes, los sumos sacerdotes, los doctores de la ley, se «escandalizaron» y, conscientes de que el milagro fuera público, se preguntaban: «¿Qué hacemos?». Lo mismo, recordó el Pontífice, ocurrió cuando Jesús curó al ciego de nacimiento. Entonces los presentes se preguntaban: «¿Qué hacemos para cubrir esto? porque la gente ha visto, la gente cree, tenemos la evidencia... ¿Cómo esconder esto?». Por otra parte, veían a ese paralítico que según la narración «saltaba de alegría para hacerles entender que Jesús le había curado». Los doctores de la ley se pusieron de acuerdo para llamar a los dos apóstoles y «decirles que no hablasen más, que no predicasen más», pero cuando hicieron «su propuesta», Pedro —precisamente él que «había renegado de Jesús tres veces» respondió: «¡No! No podemos callar lo que hemos visto y escuchado. Y... continuaremos así». He aquí el detalle que aclara todo. Las «dos palabras» que son luego las mismas con las cuales Juan inicia la primera carta: «lo que hemos visto y escuchado». Se trata, hizo notar el Papa, de la «concreción. La concreción de un hecho. La concreción de la fe. La concreción de la encarnación del Verbo».

Ante todo esto, continuó explicando el Pontífice, «los jefes quieren entrar en las negociaciones para llegar a compromisos». Pero los apóstoles «no quieren acuerdos; tienen valor. Tienen la franqueza, la franqueza del Espíritu». Una «franqueza que significa hablar abiertamente, con valor». Entonces es «este el punto: la concreción de la fe». Una conclusión que afecta a cada cristiano. Efectivamente recordó Francisco: «a veces nos olvidamos de que nuestra fe es concreta: el Verbo se hizo carne, no se hizo idea: se hizo carne». No por casualidad «cuando rezamos el Credo, todas las cosas que decimos son concretas: “Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra, creo en Jesucristo que nació, murió...”, son todas cosas concretas. Nuestro credo no dice: “Yo creo que debo hacer esto, que debo hacer esto, que debo hacer esto o que las cosas son para estas...” ¡no! Son cosas concretas». Y la «concreción de la fe» lleva «a la franqueza, al testimonio hasta el martirio, que está contra los compromisos o la idealización de la fe». Se podría decir que para esos doctores de la ley «el Verbo no se hizo carne: se hizo ley». Para ellos era importante solo establecer: «se debe hacer esto hasta aquí y no más; se debe hacer esto... y así estaban enjaulados en esta mentalidad racionalista». Una mentalidad, que sin embargo, avisó el Papa, «no ha terminado con ellos». Efectivamente en la historia muchas veces esa Iglesia «que ha condenado el racionalismo, el iluminismo», también ha «caído en una teología del “se puede y no se puede”, “se puede y no se puede”, “hasta aquí o hasta allá”, y ha olvidado la fuerza, la libertad del Espíritu, este renacer del Espíritu que te da la libertad, la franqueza de la predicación, el anuncio que Jesucristo es el Señor».

Según esta clave de lectura, aclaró el Pontífice, se entiende también «la historia de las persecuciones». Y efectivamente en la primera lectura se lee: «Se han presentado los reyes de la tierra, los magistrados se han aliado contra el Señor y contra su Ungido. Verdaderamente en esta ciudad se han aliado Herodes y Poncio Pilato, con las naciones y los pueblos de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien has Ungido».

He aquí entonces una enseñanza todavía actual: «Pidamos al Señor esta experiencia del Espíritu que va y viene y nos lleva hacia adelante, del Espíritu que nos da la unción de la fe, la unción de la concreción de la fe». Resuenan de nuevo las palabras dichas a Nicodemo: «No te maravilles si te he dicho: “debéis nacer de lo alto”. El viento sopla donde quiere y escuchas su voz, pero no sabes de dónde vienen ni a dónde va. Así es cualquiera que ha nacido del Espíritu”». Quien ha nacido del Espíritu «escucha su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin conocer dónde terminará. Porque ha tomado la opción de la concreción de la fe y el renacimiento en el Espíritu».

Por ello el Papa Francisco concluyó con una oración: «que el Señor nos dé a todos nosotros este Espíritu pascual, de ir por los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él vino: en carne»

 PAPA FRANCISCO

http://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2017/documents/papa-francesco-cotidie_20170424_fe-concreta.html


Lectura del Libro de los Hechos de los apóstoles (4,23-31):

EN aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo:
«Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo:
“¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.
Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».
Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.

Palabra de Dios

Sal 2,1-3.4-6.7-9

R/.
 Dichosos los que se refugian en ti, Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». R/.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sion, mi monte santo». R/.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás con jarro de loza».
 R/.


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