domingo, 9 de octubre de 2016

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.«Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

CRECER CREYENDO:
Lc (17,11-19):

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.» 
Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.» 
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» 
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

Palabra del Señor



Salmo
Sal 97,1.2-3ab.3cd-4

R/.
 El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.


COMENTARIO:

CURACIÓN

El episodio es conocido. Jesús cura a diez leprosos enviándolos a los sacerdotes para que les autoricen a volver sanos a sus familias. El relato podía haber terminado aquí. Al evangelista, sin embargo, le interesa destacar la reacción de uno de ellos.

Una vez curados, los leprosos desaparecen de escena. Nada sabemos de ellos. Parece como si nada se hubiera producido en sus vidas. Sin embargo, uno de ellos «ve que está curado» y comprende que algo grande se le ha regalado: Dios está en el origen de aquella curación. Entusiasmado, vuelve «alabando a Dios a grandes gritos» y «dando gracias a Jesús».

Por lo general, los comentaristas interpretan su reacción en clave de agradecimiento: los nueve son unos desagradecidos; sólo el que ha vuelto sabe agradecer. Ciertamente es lo que parece sugerir el relato. Sin embargo, Jesús no habla de agradecimiento. Dice que el samaritano ha vuelto «para dar gloria a Dios». Y dar gloria a Dios es mucho más que decir gracias.

Dentro de la pequeña historia de cada persona, probada por enfermedades, dolencias y aflicciones, la curación es una experiencia privilegiada para dar gloria a Dios como Salvador de nuestro ser. Así dice una célebre fórmula de san Ireneo de Lion: "Lo que a Dios le da gloria es un hombre lleno de vida". Ese cuerpo curado del leproso es un cuerpo que canta la gloria de Dios.

Creemos saberlo todo sobre el funcionamiento de nuestro organismo, pero la curación de una grave enfermedad no deja de sorprendernos. Siempre es un "misterio" experimentar en nosotros cómo se recupera la vida, cómo se reafirman nuestras fuerzas y cómo crece nuestra confianza y nuestra libertad.

Pocas experiencias podremos vivir tan radicales y básicas como la sanación, para experimentar la victoria frente al mal y el triunfo de la vida sobre la amenaza de la muerte. Por eso, al curarnos, se nos ofrece la posibilidad de acoger de forma renovada a Dios que viene a nosotros como fundamento de nuestro ser y fuente de vida nueva. 

La medicina moderna permite hoy a muchas personas vivir el proceso de curación con más frecuencia que en tiempos pasados. Hemos de agradecer a quienes nos curan, pero la sanación puede ser, además, ocasión y estímulo para iniciar una nueva relación con Dios. Podemos pasar de la indiferencia a la fe, del rechazo a la acogida, de la duda a la confianza, del temor al amor.

Esta acogida sana de Dios nos puede curar de miedos, vacíos y heridas que nos hacen daño. Nos puede enraizar en la vida de manera más saludable y liberada. Nos puede sanar integralmente."


REFLEXIÓN:

Caminamos por la vida, cada cual con su “lepra”, cada uno con su dolor.
Es parte de la vida y parte de la cruz.
Pero buscando como buscamos la sanación me temo que actuamos más como los nueve leprosos en lugar de como el leproso samaritano.
Ya llegar a la experiencia de curación es una alegría y un triunfo, pero nuestra sociedad de consumo nos hace que principalmente volvamos la mirada agradecido hacia los fármacos y a los médicos que los recetan.
Perdemos la perspectiva.
Detrás de todo eso siempre está la mano de Dios.
Reconozco por educación, y refranero, que es de bien nacido ser agradecido, pero no podemos quedarnos solo ahí.


El camino nunca se puede ver igual, aunque sea el mismo.
Los testimonios de todos los que han tenido la experiencia de sanación así lo indican.
La vida no se ve igual.
Los valores importantes ascienden rápidamente en nuestra lista de prioridades.
El que más significativamente crece es la búsqueda sincera del otro.


No será porque el SEÑOR se canse de repetirnos que en el amor al prójimo es donde encontraremos la salvación, que lleva desde que comenzó el curso, como el martillo al clavo, sobre nuestra conciencia.
Su MISERICORDIA es eterna. Esperemos que nuestra facilidad para desviarnos del camino vaya disminuyendo. PAZ Y BIEN, PEREGRINOS.







domingo, 2 de octubre de 2016

Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."

CRECER CREYENDO:
Lc (17,5-10):

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» 
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»

Palabra del Señor


Salmo
Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/.
 Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»


Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.





















COMENTARIO:

“AUMÉNTANOS LA FE.”
        
De manera abrupta, los discípulos le hacen a Jesús una petición vital: «Auméntanos la fe». En otra ocasión le habían pedido: «Enséñanos a orar». A medida que Jesús les descubre el proyecto de Dios y la tarea que les quiere encomendar, los discípulos sienten que no les basta la fe que viven desde niños para responder a su llamada. Necesitan una fe más robusta y vigorosa.

Han pasado más de veinte siglos. A lo largo de la historia, los seguidores de Jesús han vivido años de fidelidad al Evangelio y horas oscuras de deslealtad. Tiempos de fe recia y también de crisis e incertidumbre. ¿No necesitamos pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe?

Señor, auméntanos la fe. Enséñanos que la fe no consiste en creer algo sino en creer en ti, Hijo encarnado de Dios, para abrirnos a tu Espíritu, dejarnos alcanzar por tu Palabra, aprender a vivir con tu estilo de vida y seguir de cerca tus pasos. Sólo tú eres quien "inicia y consuma nuestra fe".

Auméntanos la fe. Danos una fe centrada en lo esencial, purificada de adherencias y añadidos postizos, que nos alejan del núcleo de tu Evangelio. Enséñanos a vivir en estos tiempos una fe, no fundada en apoyos externos, sino en tu presencia viva en nuestros corazones  y en nuestras comunidades creyentes.

Auméntanos la fe. Haznos vivir una relación más vital contigo, sabiendo que tú, nuestro Maestro y Señor, eres lo primero, lo mejor, lo más valioso y atractivo que tenemos en la Iglesia. Danos una fe contagiosa que nos oriente hacia una fase nueva de cristianismo, más fiel a tu Espíritu y tu trayectoria.

Auméntanos la fe. Haznos vivir identificados con tu proyecto del reino de Dios, colaborando con realismo y convicción en hacer la vida más humana, como quiere el Padre. Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano.

Auméntanos la fe. Enséñanos a vivir convirtiéndonos a una vida más evangélica, sin resignarnos a un cristianismo rebajado donde la sal se va volviendo sosa y donde la Iglesia va perdiendo extrañamente su cualidad de fermento. Despierta entre nosotros la fe de los testigos y los profetas.

Auméntanos la fe. No nos dejes caer en un cristianismo sin cruz. Enséñanos a descubrir que la fe no consiste en creer en el Dios que nos conviene sino en aquel que fortalece nuestra responsabilidad y desarrolla nuestra capacidad de amar. Enséñanos a seguirte tomando nuestra cruz cada día.

Auméntanos la fe. Que te experimentemos resucitado en medio de nosotros  renovando nuestras vidas  y alentando nuestras comunidades…" José Antonio Pagola. Grupos de Jesús Parroquia San Vicente Mártir de Obando - Bilbao.

REFLEXIÓN:





¿Cómo aumentar la fe?
Esa pregunta tiene como respuesta el servicio y la entrega. Esa es la clave que nos da el evangelio.
Nuestra preocupación es que puestos ya en el camino, vamos a sufrir su desgaste. Para que esto no suceda debemos tomar conciencia, a cada paso, de que llevar la CRUZ tiene un sentido.




Septiembre es claro ejemplo de esto que digo. La carga que nos supone el regreso de una ilusión, el verano/las vacaciones, y el encajar en la rutina ilusionante del trabajo, hace que avancemos trastabillados todo el mes.
Si te quedas anclado en la ilusión el trabajo se te torna zarza de endrinas y moras. Tú recolectas sus frutos pero te pinchas. Esa es nuestra evaluación inicial.
Pero con esos frutos, harás tartas, mermelada o patxarán. Cada elaboración tiene su tiempo (Ese es nuestro curso.), pero sobre todo tiene un tiempo para poderse consumir posteriormente. Esa es nuestra verdadera evaluación final.
Así es nuestra fe también.
Es una fe compartida y para compartir.
Y en cada uno de nosotros tiene un tiempo de elaboración, de reposo y de degustación.
Ni la tarta, ni la mermelada, ni el patxarán tienen sentido para uno solo. Por supuesto que te las puedes tomar tú solo, pero compartidas resultan mejor, porque somos un animal social. Estamos hechos para los demás. Por eso el egoísmo se torna en soledad y “sobrepeso”. Y amarga hasta lo más dulce, pues nunca puedes sentirte satisfecho, lleno, pleno.

Ya está aquí octubre. ¿Has tenido tiempo de pensar lo que vas a poder hacer con los frutos cosechados? Busca la receta de la abuela o un tutorial en internet y ¡al lio!
Y recuerda, que cuantos más puedas acercar a la mesa del Señor, más sencillo será que la fe sea la roca sobre la que edifiques tu vida.

No tengáis miedo.
¡Ánimo y adelante!















domingo, 25 de septiembre de 2016

"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»

CRECER CREYENDO:
Lc (16,19-31):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán." Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»

Palabra del Señor


Salmo
Sal 145,7.8-9a.9bc-10

R/.
Alaba, alma mía, al Señor

Él mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.


















COMENTARIO:

NO IGNORAR AL QUE SUFRE.  

El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Sólo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir sólo para banquetear.

Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Sólo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.

Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.

Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.

La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.

Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, a través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, no esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.

Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación."



REFLEXIÓN:

 

Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento… Y es más propenso a sufrir por todo lo que le rodea. Ese “estar despierto” que nos pide el Señor conlleva la cruz.
Nuestro cuerpo se cansa, se agota, nuestro espíritu, no debería, pero somos lo que somos: débiles. Hasta los santos tienen esa “noche oscura del alma” en la que les entra la duda.
Nosotros, que somos eterna duda y, no precisamente unos santos, tenemos cada uno en su experiencia personal uno o varios ejemplos de esto que estamos tratando hoy.
Nos pasa cuando enfermamos, cuando nos puede el agobio o la rutina, cuando no se nos valora o no se  nos tiene en cuenta, etc. Somos Lázaro cuando quisiéramos ser siempre “el rico”.
Buscamos la lógica de:” el que hace el bien recibirá el bien a cambio”,  y nos equivocamos. Precisamente por buscar el bien y transmitirlo a los demás, es por lo que el mal nos asedia y golpea a la menor oportunidad.

Por eso el Señor en el Evangelio nos da la clave: “Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.”
Esta es una buena razón por la que hemos de buscar refugio en la oración y consuelo en el abrazo con el prójimo, ya que estamos en un camino, que es la vida, donde permanentemente se nos pone a prueba.


Con amor se hace camino.
No tengáis miedo.
¡Ánimo y adelante, peregrinos!


















domingo, 18 de septiembre de 2016

Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

CRECER CREYENDO:

Lucas  16,1-13

   "En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo: - ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos: - ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: - ¿Cuánto debes a mi amo?
Éste respondió: - Cien barriles de aceite.
Él le dijo: - Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro: - Y tú, ¿cuánto debes?
Él contestó: - Cien fanegas de trigo.
Le dijo: - Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.]
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro ¿quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero." 

Palabra de Dios.

Salmo

Sal 112,1-2.4-6.7-8

R/.
 Alabad al Señor, que alza al pobre

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.


COMENTARIO:

“DINERO”

La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Sólo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.

En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de Profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.

Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce "dinero limpio". La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.

¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».

Jesús viene a decir así a los ricos: "Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre". Dicho con otras palabras: la mejor forma de "blanquear" el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.

Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos sólo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.

Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea  piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.

Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres."

REFLEXIÓN:



¿Somos conscientes de nuestra riqueza?
El Señor lleva dos domingos hablándonos del dinero y nosotros transitamos la cuesta de Septiembre encomendándonos a Dios y “al diablo”.
El maldito parné, el sueldo, es una sal de la vida engañosa, aunque necesaria.
Pero la verdadera riqueza no está en el dinero, aunque si puede estar en cómo lo empleamos.
La verdadera riqueza está en los demás.
Traigo aquí la definición de hijo que da Saramago, por el concepto de PRÉSTAMO.
Nuestros HIJOS/ALUMNOS están con nosotros mientras no se pueden “valer” y es nuestro deber hacerlos crecer plenamente, en lo físico, en el conocimiento del mundo que les rodea y en la fe.
Ese préstamo es nuestra mayor riqueza. Y alrededor de él gira toda nuestra existencia.
Por eso somos OBRA DE DIOS, porque nos ha bendecido con sus hijos y por esa misma razón es tan importante nuestra labor.

Lo curioso es que, con lo sencillo que es de entender esto, sigamos mirando para otro lado cuando nos ponen delante las necesidades del prójimo. Si no somos capaces de acompañar, de comprender, de escuchar, de ponernos en el lugar del otro, difícilmente vamos a poder ayudarle.
Vivimos en una sociedad que tiende, para aumentar el consumo, a cosificarlo todo, hasta el afecto, el amor, la entrega. Una sociedad que busca la GRATUIDAD en los demás, pero desecha la GRATITUD, pues la considera un valor debilitante de su supuesto derecho a poseer.


Por eso, desde nuestra escuela tellista hemos de cuidar a todos, pero muy especialmente a quienes se entregan, a quienes dan gracias, a quienes están a disposición de los demás, porque estos son los verdaderos sembradores de futuro.

¡Que el Señor nos ayude y nos de fuerzas!

No tengáis miedo.
¡Ánimo y adelante!



martes, 13 de septiembre de 2016

«Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado»."

CRECER CREYENDO:
Lc 15, 1-32 

   "También les dijo: - Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna». El padre les repartió los bienes. 
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: Trátame como a uno de tus jornaleros».


Se puso en camino a donde estaba su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado». Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado»."

Palabra de Dios.



SALMO:

Sal 50,3-4.12-13.17.19

R/.
 Me pondré en camino adonde está mi padre

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, 
por tu inmensa compasión borra mi culpa; 
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/. 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, 
renuévame por dentro con espíritu firme; 
no me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu. R/.

Señor, me abrirás los labios, 
y mi boca proclamará tu alabanza. 
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; 
un corazón quebrantado y humillado, 
tú no lo desprecias. R/.

COMENTARIO:
“UNA PARÁBOLA PARA NUESTROS DÍAS”
En ninguna otra parábola ha querido Jesús hacernos penetrar tan profundamente en el misterio de Dios y en el misterio de la condición humana. Ninguna otra es tan actual para nosotros como ésta del "Padre bueno".

El hijo menor dice a su padre: «dame la parte que me toca de la herencia». Al reclamarla, está pidiendo de alguna manera la muerte de su padre. Quiere ser libre, romper ataduras. No será feliz hasta que su padre desaparezca. El padre accede a su deseo sin decir palabra: el hijo ha de elegir libremente su camino.

¿No es ésta la situación actual? Muchos quieren hoy verse libres de Dios, ser felices sin la presencia de un Padre eterno en su horizonte. Dios ha de desaparecer de la sociedad y de las conciencias. Y, lo mismo que en la parábola, el Padre guarda silencio. Dios no coacciona a nadie.

El hijo se marcha a «un país lejano». Necesita vivir en otro país, lejos de su padre y de su familia. El padre lo ve partir, pero no lo abandona; su corazón de padre lo acompaña; cada mañana lo estará esperando. La sociedad moderna se aleja más y más de Dios, de su autoridad, de su recuerdo... ¿No está Dios acompañándonos mientras lo vamos perdiendo de vista?

Pronto se instala el hijo en una «vida desordenada». El término original no sugiere sólo un desorden moral sino una existencia insana, desquiciada, caótica. Al poco tiempo, su aventura empieza a convertirse en drama. Sobreviene un «hambre terrible» y sólo sobrevive cuidando cerdos como esclavo de un extraño. Sus palabras revelan su tragedia: «Yo aquí me muero de hambre».

El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad. ¿Qué nos falta? ¿Qué podría llenar nuestro corazón? Lo tenemos casi todo, ¿por qué sentimos tanta hambre?

El joven «entró dentro de sí mismo» y, ahondando en su propio vacío, recordó el rostro de su padre asociado a la abundancia de pan: en casa de mi padre «tienen pan» y aquí «yo me muero de hambre». En su interior se despierta el deseo de una libertad nueva junto a su padre. Reconoce su error y toma una decisión: «Me pondré en camino y volveré a mi padre».

¿Nos pondremos en camino hacia Dios nuestro Padre? Muchos lo harían si conocieran a ese Dios que, según la parábola de Jesús, «sale corriendo al encuentro de su hijo, se le echa al cuello y se pone a besarlo efusivamente». Esos abrazos y besos hablan de su amor mejor que todos los libros de teología. Junto a él podríamos encontrar una libertad más digna y dichosa."



REFLEXIÓN:

Vengo de un entierro.
De dejar de ver a un familiar.
Pero los recuerdos compartidos brotan a borbotones en mi cabeza.
Ella ha vuelto al Padre en paz.
Nosotros seguimos pródigos en este mundo.


La verdad es que no sé en qué punto de la parábola está mi vida, pero pródigo me reconozco.
El verano parece tiempo de herencia recién cobrada para gastar, pero ya se ha acabado. (El dinero y el verano).
Ya estamos de inicio de curso, pero yo no diría que mi trabajo es una porquera. Aunque las cosas están mal en educación, todavía tenemos esperanza, porque tiramos del carro del colegio todo lo que hay que tirar y más.
Y del Padre, uno está todavía en la edad insensata de acordarse cuando Santa Bárbara truena. Solo, aparentemente, cuando aparece la CRUZ y nos detenemos en el camino.

Y es el aparentemente el que nos salva. El que nos pone en la dirección del Padre. Nuestro camino, que es camino de cruz, rara vez se recorre solo. Nuestra clave en el camino es siempre el AMOR.



Hemos de estar preparados para ese abrazo del Padre y por eso practicar con nuestro prójimo es la mejor forma de prepararse.
Mucho mejor que apuntarse a un gimnasio. Lo digo de corazón.

NO TENGÁIS MIEDO.
¡ÁNIMO Y ADELANTE!












¡ÁNIMO Y ADELANTE! COMENZAMOS UN NUEVO CURSO: "Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío."

CRECER CREYENDO:
Lc (14,25-33):

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O que rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.» 

Palabra del Señor

 
Salmo
Sal 89

R/.
 Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación


Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.



COMENTARIO:
El evangelio de hoy domingo nos da las pistas para seguir a Jesús. Es un texto  duro, dirigido a todas las personas que quieran seguir a Jesús.
Las pistas nos dicen que  no podemos hacerlo a nuestro aire, ni de cualquier modo, sino que quien decida seguirlo tendrá que cambiar su vida de forma radical. En el camino habrá dudas, caídas, pero, también encuentro personal, fortaleza y muchísimo amor.
Lo primero es dejar a nuestra propia familia, dejarla para poder seguirlo con total libertad, sin ataduras, seguramente cuando la familia nos necesite podremos ir y estar con ellos, tenemos el ejemplo en el apóstol Pedro, va a su casa cuando su suegra enferma. Pero no podemos poner la familia por encima del seguimiento a Jesús.
EL segundo mandato es coger la cruz, la de cada uno. Debemos aprender a solventar nuestros problemas, nuestras desgracias y enfermedades, sino ¿cómo podremos ayudar a construir un reino de paz, justicia y amor? En este mundo enfermo y doliente.
Por último renunciar a lo material, porque no podemos poner nuestras esperanzas en el tener o poseer, sino en el compartir lo y en la generosidad.
Para seguirlo, tenemos que renunciar  a todo lo que nos aleja de la humanidad, del amor. Que no haya interferencia entre Él que es la luz y nosotros. Pero no nos olvidemos que Dios es misericordioso y nunca nos pedirá nada más allá de nuestras fuerzas.
¿Es duro? Cada un@ de nosotros debe plantearse si queremos ser discípul@s autentic@s o discípul@s vaci@s de amor incapaces de testimoniar con nuestra forma de vivir y actuar el evangelio.
https://eltallerdelaserenidad.wordpress.com/2013/09/09/reflexion-al-evangelio-de-s-lucas-1425-33-xxiii-t-ordinario-ciclo-c/

REFLEXIÓN:


Bienvenidos a este nuevo curso.
Iniciamos nuestra labor desde la oración.
No hay mejor manera, para un tellista.
En pleno ejercicio de descompresión vacacional el Evangelio nos centra la realidad:
* Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío, dice el Señor.
Y el comienzo de curso nos recuerda que nuestra CRUZ es luchar con la burocracia, el descrédito y el desinterés en el ejercicio vocacional de nuestra profesión.
Se supone que hemos cargado las pilas y enfrentamos el reto con garantías, pero debemos prepararnos para soportar el peso de la cruz.
* El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío, dice el Señor.
 El PAPA FRANCISCO ha declarado Santa a MADRE TERESA DE CALCUTA, ejemplo de entrega a los más pobres y necesitados. Es una muestra de cómo la renuncia personal nos lleva a darnos al prójimo.
¿A qué estamos dispuestos a renunciar? El Señor no quiere medias tintas… y nosotros somos “calamares profesionales”.
Cuanto más coherente sean nuestras palabras con nuestros hechos más cerca estaremos de los necesitados.
AMÉN.




Nos ponemos, un curso más, bajo la protección de María Madre de la Iglesia, que Ella nos ayude en el camino y nos consuele en el error.
Y que sepamos encontrar las huellas de Madre Matilde en nuestros alumnos y sus familias.
¡NO TENGÁIS MIEDO!

¡ÁNIMO Y ADELANTE!